
Ayer otra vez. Es empezar este dichoso programa y quedarme embobado como un crío con el Disney Channel. Ayer me hacía gracia que, viendo uno de los partos, cuando decían a la madre “cógelo tú, cógelo tú”, estando el bebé a medio salir todavía, casi me vi a mí metiendo las manos para cogerlo yo, con todos los pelos de punta y emocionado que casi explotaba. Luego me di cuenta de que lo que yo pensaba, a lo que de verdad podría haber sido, resultaba haber un mundo, pues hubiese parecido el equivalente a un Gollum roba-niños gritando aquello de “¡mi tesooorooo!”
A veces giro la cabeza la cabeza para ver cual es la cara de mi marido viendo los partos. Ahí es donde cambia la cosa, ya que pasamos de poner cara de estar viendo ‘Sonrisas y lágrimas’ a poner cara de estar viendo ‘Saw’. Y es ahí donde no puedo evitar el decirme a mí mismo, “¿Y si esto van a ser los instintos paternales?”
La verdad es que ando medio lerdo con mis sobrinos. Consigo ser más ruidoso que ellos mismos cuando nos juntamos –pocas veces- y no hay uno con el que no me lleve de vicio. Pero claro, lo de preñar lo tengo difícil, tanto yo como mi marido, por motivos obvios, ¿verdad? Y, siendo sinceros, me analizo muchas veces y veo que, por mucho que yo quiera, no vale con ser buena persona para ser un buen padre, y yo realmente soy un desastre en mí día a día. Menos mal que tengo a mi lado al mejor gordo del mundo y es él el que me da candela cuando saco los pies del plato. Pero bueno… no desisto. Además, cuando me tomo las cosas en serio –alguna vez al año toca- consigo lo que me propongo. ¿Por qué no puedo ser yo un padrazo de la hostia?
Más información – Cuestión de energías y humor
Fuente – La Sexta
Foto – On